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La IA me va a quitar el trabajo. En verdad, no.

erica escalante en Melilla trabajando frente a un ordenador representada como mitad humana y mitad robot, símbolo de cómo la inteligencia artificial transforma el trabajo.
erica escalante en Melilla trabajando frente a un ordenador representada como mitad humana y mitad robot, símbolo de cómo la inteligencia artificial transforma el trabajo.

Últimamente hay una frase que parece perseguirme, la encuentro en LinkedIn, en Instagram, en vídeos, en artículos y, probablemente porque el algoritmo ya ha decidido que este tema me interesa, cada vez me enseña más de lo mismo: «La IA me va a quitar el trabajo».

Y lo curioso es que muchas de esas opiniones vienen precisamente de personas que trabajan en entornos digitales: diseñadores, ilustradores, programadores, creadores de contenido, animadores… Pero hace poco hubo algo que me hizo pensar especialmente en todo esto… Me lo dijo una chica de 16 años.

Todavía no ha entrado en el mercado laboral,le apasiona la animación y está empezando a estudiar para dedicarse a ello. Y ya tiene miedo de que, cuando llegue el momento, una inteligencia artificial pueda hacer su trabajo. Y pensé: ¿qué está pasando aquí?

Creo que una parte importante del problema está en el desconocimiento, no sabemos exactamente hasta dónde nos va a llevar esto, vemos cómo avanza a una velocidad absurda y, cuando no entendemos bien cómo funciona algo, aparece el miedo. Es bastante humano.

Pero mi experiencia utilizando IA todos los días me está llevando justo a la conclusión contraria.

La IA hace muchas cosas por mí. Pero siguen siendo mis cosas.

En los últimos meses estoy utilizando la inteligencia artificial para preparar presupuestos, plantear proyectos, desarrollar agentes, generar imágenes, animar vídeos, escribir código, investigar, organizar información… Y sí, estoy haciendo cosas que hace unos años habrían requerido muchísimo más tiempo y, en algunos casos, varias personas, pero hay una diferencia importante:

la IA no está haciendo mi trabajo por mí. Está permitiéndome hacer mi trabajo en menos tiempo.

Porque el planteamiento, la estrategia y el criterio siguen siendo míos. El resultado no es más que lo que ya mi conocimiento había propuesto. La decisión de qué sirve, qué no sirve, qué hay que cambiar, por qué hay que cambiarlo y qué quiero conseguir con todo eso sigue saliendo de mi experiencia y de mi know-how.

Con el tiempo he ido construyendo además una determinada manera de trabajar con estas herramientas: dándoles contexto, corrigiendo resultados, explicando cómo quiero hacer las cosas, aportando referencias, descartando respuestas y afinando otras, y eso cambia muchísimo el resultado.

Sí, ahora puedo hacer un corto yo sola

Este es probablemente uno de los ejemplos que mejor explica lo que quiero decir.

Hoy puedo sentarme delante de mi ordenador y hacer un pequeño corto para redes sociales prácticamente sola.

Escribir un guion.

Definir a los personajes.

Elegir una actriz o un actor virtual con determinadas características sin hacer un casting.

Generar escenarios.

Animarlos.

Crear voces.

Añadir efectos.

Generar música.

Editar el resultado.

Hace no demasiado tiempo habría necesitado, dependiendo del proyecto, un guionista, actores, cámara, iluminación, edición, sonido, composición musical, animación…

¿Significa eso que ahora yo puedo sustituir a veinte profesionales? Pues no.

Significa que puedo hacer algo que antes probablemente ni siquiera habría podido permitirme hacer y esa diferencia es enorme. Porque puedo tener bastante afición al cine y saber que quiero que la música entre justo en determinado momento. Puedo tener una idea muy clara de la escena que quiero conseguir, puedo saber qué emoción quiero provocar ,pero un compositor seguramente sabrá hacer con esa escena cosas que yo ni siquiera sé que existen y exactamente lo mismo me ocurre con la animación, puedo generar una persona aparentemente realista, hacerla caminar, hablar o mirar a cámara pero después aparece ese momento en el que nuestro cerebro dice: «Mmmm… aquí hay algo raro».

Eso tiene incluso un nombre: el valle inquietante (uncanny valley), concepto planteado por el investigador japonés Masahiro Mori en 1970. A medida que una representación artificial se aproxima mucho al aspecto humano, pequeñas imperfecciones en su apariencia o movimiento pueden generar justamente esa sensación extraña de que algo no termina de ser real. Este tema se ha tratado en los videojuegos, se que será anterior, pero la época de los Final Fantasy … en fin que  atravesar ese valle no consiste solamente en escribir: «Hazlo más realista». Ahí empiezan a importar el movimiento, la iluminación, la interpretación, el ritmo, la física, la expresión facial, la cámara… Es decir: empieza a importar el conocimiento.

Saber pedir ayuda también requiere saber qué estás haciendo

Con las imágenes generadas por IA ocurre muchísimo, estamos empezando a ver publicidad hecha con inteligencia artificial por todas partes y, en muchas ocasiones, se detecta a kilómetros no necesariamente porque la herramienta sea mala, muchas veces el problema es que alguien ha obtenido una imagen que, a primera vista, parecía bonita y ha pensado: «Perfecto. Ya está». Pero hacer una pieza publicitaria no consiste únicamente en generar una imagen bonita, hay una composición, una jerarquía, un formato, espacio destinado al texto, proporción, legibilidad, identidad gráfica y sobretodo intención.  Además de una calidad de imagen determinada dependiendo de dónde vaya a utilizarse. y si tú no sabes que tienes que tener todo eso en cuenta, difícilmente vas a pedírselo a una IA o, todavía más importante, difícilmente vas a detectar que el resultado que te ha dado no está bien.

Aquí sí haría un matiz: la inteligencia artificial está permitiendo que personas sin experiencia previa consigan resultados que antes estaban completamente fuera de su alcance. De hecho, algunos estudios han encontrado que los trabajadores con menos experiencia pueden obtener mejoras especialmente grandes utilizando herramientas de IA pero poder hacer algo no significa necesariamente dominarlo y creo que ahí está una de las grandes diferencias.

Investigaciones realizadas con profesionales también han encontrado algo bastante interesante: la IA puede mejorar muchísimo la velocidad y la calidad cuando trabaja dentro de aquello que sabe resolver bien, pero puede llevar incluso a peores resultados cuando nos fiamos de ella en tareas que están fuera de sus capacidades. Los investigadores lo llaman una “frontera tecnológica irregular”: no siempre es evidente dónde la IA funciona extraordinariamente bien y dónde empieza a equivocarse.

Y para detectar esa frontera seguimos necesitando criterio.

Con los programadores está pasando exactamente lo mismo

Una IA puede escribir código, muchísimo código y lo hace cada vez mejor, pero después alguien tiene que saber qué quería construir, cómo debe funcionar, cómo se integra con el resto del sistema, si lo que ha escrito tiene sentido y, sobre todo, qué hacer cuando no funciona, porque el problema aparece cuando la IA te entrega algo aparentemente perfecto y tú no tienes conocimientos suficientes para saber que hay un fallo.

Lo mismo ocurre con una cámara.

Puedo decir: «Quiero un efecto como de dron desde arriba».

Y seguramente conseguiré algo, quizá para un vídeo de diez segundos sea suficiente y me haya ahorrado un rodaje entero. Fantástico. Pero alguien que conozca lenguaje audiovisual probablemente no pedirá simplemente «un efecto de dron». Sabrá qué movimiento de cámara necesita, qué óptica quiere simular, qué velocidad, qué temperatura de color, qué profundidad, qué tipo de iluminación o qué sensación pretende transmitir, los dos estamos utilizando exactamente la misma IA, pero no vamos a obtener el mismo resultado.

Entonces, ¿va a desaparecer trabajo?

Seguro. Sería absurdo escribir todo esto diciendo que absolutamente nadie va a perder su puesto por culpa de la inteligencia artificial. La tecnología lleva toda la historia sustituyendo determinadas tareas, modificando profesiones y haciendo desaparecer algunos trabajos mientras aparecen otros.

Ya existen análisis del mercado laboral que muestran precisamente eso: las nuevas tecnologías pueden reducir la necesidad de determinadas ocupaciones o tareas y aumentar simultáneamente la demanda de otras pero aquí hay algo importante.

La Organización Internacional del Trabajo lleva años estudiando precisamente la exposición de los empleos a la IA generativa. En su actualización de 2025 estimaba que aproximadamente uno de cada cuatro empleos en el mundo tiene algún grado de exposición a estas tecnologías, pero su conclusión principal no era que uno de cada cuatro empleos fuese a desaparecer. Al contrario: consideran que, en términos generales, la transformación de los puestos es más probable que su sustitución completa y eso se parece bastante a lo que estoy viendo yo desde mi pequeña parcela, no estoy dejando de trabajar estoy consiguiendo hacer más cosas durante el mismo tiempo y quizá ahí esté realmente el cambio.

Esto ya lo hemos vivido antes

Durante muchísimo tiempo la animación se construyó mediante procesos manuales tremendamente laboriosos, después llegó la animación por ordenador y podríamos imaginar perfectamente a un animador de aquella época pensando: «Bueno, pues hasta aquí hemos llegado».

Pero no fue el final de la animación fue una transformación brutal de la industria. En 1995, Toy Story se convirtió en el primer largometraje completamente animado por ordenador y marcó un punto de inflexión para la animación digital, cambió la herramienta, cambió el proceso,cambió la industria pero no desaparecieron los animadores, necesitaron otros conocimientos.

Y con los ordenadores personales pasó algo parecido. La automatización de oficina sí hizo disminuir determinadas ocupaciones: mecanógrafos, taquígrafos y otras funciones administrativas muy repetitivas estuvieron entre las afectadas por la informatización. Pero eso no significó el final de los administrativos, los contables o las empresas. Cambió profundamente qué tareas hacían las personas y con qué herramientas las hacían. Los propios informes laborales de la época ya anticipaban esa reducción de tareas clericales mientras crecían otras vinculadas a la informática y al procesamiento de datos.

Antes ocurrió con las cadenas de montaje.

Antes con la mecanización.

Antes con la Revolución Industrial.

Cada cambio tecnológico importante ha obligado a aprender, especializarse y adaptarse y sí, en esas transiciones siempre hay personas y profesiones que sufren no quiero romantizarlo.

Quizá la cuestión sea otra

Creo que estamos enfocando mal la pregunta, quizá no deberíamos preguntarnos constantemente: «¿La IA va a quitarme el trabajo?»

Quizá deberíamos empezar a preguntarnos: «¿Qué parte de mi trabajo puede hacer ahora una máquina y qué parte depende realmente de lo que yo sé?»

Porque ahí es donde creo que va a estar el valor, la IA puede escribirme código, pero necesito entender qué estoy construyendo,puede generarme una imagen, pero necesito saber qué imagen necesito, puede crearme un vídeo, pero necesito saber qué quiero contar.

Va a ayudarme a preparar un presupuesto, pero no conoce por sí sola el negocio, el cliente, los costes, el objetivo o la estrategia que tengo detrás.

Puede hacerme muchísimo más rápida, y esto significa que mi tiempo se vuelve más rentable.

Probablemente tendremos perfiles cada vez más especializados. Personas capaces de utilizar estas herramientas dentro de su profesión, pero con conocimiento suficiente para dirigirlas, cuestionarlas y detectar cuándo aquello que parece correcto en realidad no lo es y seguramente algunas profesiones serán muy diferentes dentro de diez años pero esto no es la primera vez que ocurre, lo extraordinario es que esta vez nosotros estamos dentro.

Estamos viendo cómo nace una tecnología que probablemente será considerada uno de esos grandes puntos de inflexión cuando alguien estudie esta época dentro de cincuenta o cien años.

Y no sé vosotros.

Pero, más que miedo, a mí empieza a darme bastante curiosidad pensar qué vamos a ser capaces de hacer con ella.

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Fuentes consultadas

  • Organización Internacional del Trabajo (OIT)Generative AI and Jobs: A 2025 Update. Análisis sobre exposición laboral a IA generativa y transformación frente a sustitución de puestos.
  • OECD — estudios sobre IA, productividad y trabajo. La evidencia experimental disponible encuentra aumentos de eficiencia en determinadas tareas y profesiones, aunque con resultados diferentes según el trabajo y la forma de utilizar la tecnología.
  • Harvard Business SchoolNavigating the Jagged Technological Frontier, investigación sobre las capacidades irregulares de la IA y la importancia del juicio humano al utilizarla.
  • NBERGenerative AI at Work, estudio sobre productividad y diferencias entre trabajadores experimentados y noveles al utilizar asistencia mediante IA.
  • IEEE Spectrum / Masahiro Mori — traducción autorizada del ensayo original sobre el uncanny valley o valle inquietante.
  • Pixar y Academy of Motion Picture Arts and Sciences — historia de la animación digital y el papel de Toy Story como primer largometraje completamente animado por ordenador.
  • U.S. Bureau of Labor Statistics — documentación histórica sobre automatización, nuevas tecnologías y transformación de las ocupaciones.

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