Hay algo que me llama especialmente la atención y es que cada vez que alguien me cuenta que quiere montar un negocio, la conversación suele ser la misma: que tiene una idea que vendería mucho, o que tiene “un proyecto entre manos” …. que ya sabe que abrir, o que vender, que ya tiene el nombre de la empresa.
Pero cuando le pregunto quién es su cliente, que problema va a resolver o porqué deberíamos comprarle llega el silencio.
Además, aun no ha pensado en el logotipo, ni en la página web o los colores corporativos, “esto me lo hace mi vecino en una tarde” lo interesante es el local que quiere alquilar. Ha invertido horas imaginando cómo será su proyecto… pero todavía no sabe si existe una demanda real para lo que quiere ofrecer. De hecho ni siquiera conoce como lo va a transmitir.
Y, en mi opinión, ese es el mayor error que puede cometer un emprendedor.
El enamoramiento emprendedor
Cuando una idea nace, es muy fácil enamorarse de ella.
Sucede constantemente. Creemos que porque a nosotros nos parece buena, al resto del mercado también le parecerá. Confiamos en las ganas, en el esfuerzo, en la ilusión e incluso en esa frase tan repetida de “si trabajas duro, todo llega”.
Ojalá fuera así de sencillo.
La realidad es que un negocio rentable no crece únicamente con ilusión. – Que me lo digan a mi que llevo pensándome montar la agencia 10 años- … Pero no, el proyecto crece porque responde a una necesidad real, porque existe un mercado dispuesto a pagar por él y porque ha sido construido sobre una estrategia sólida.
El miedo a contar la idea
Existe otro error muy frecuente: el miedo a compartir el proyecto.
Y es que muchos emprendedores prefieren no hablar de su idea porque creen que alguien puede robársela. Sin embargo, el mayor riesgo no es ese. El verdadero peligro es desarrollar un proyecto durante meses sin que nadie cuestione sus puntos débiles. Perder dinero y sobre todo tiempo, que este no vuelve, en un proyecto que te ciega y te motiva a partes iguales. Por que además, a quién has preguntado si compraría, es precisamente al vecino que va a hacerte el logo, a tus primos y amigos… y claro, no te van a decepcionar… o quizá sea al revés y sea una idea buenísima, que no sale bien porque no sabes por donde empezar, o porqué nadie confió en ella.
Cuando estás inmerso en el proceso de crear una empresa o una marca es muy difícil mantener una visión objetiva. Estás emocionalmente implicado y es normal que minimices los riesgos o des más importancia a aquello que confirma que tu idea funcionará.
Precisamente por eso es tan valiosa una visión externa.
El marketing empieza mucho antes de vender
Todavía existe la creencia de que el marketing consiste en hacer publicaciones en redes sociales, diseñar un logotipo o lanzar campañas de publicidad y nada más lejos de la realidad.
El marketing estratégico empieza mucho antes. Cuando te preguntas si el negocio tiene sentido.
Un buen profesional no comienza diseñando una página web. Empieza haciendo preguntas.
- ¿Existe realmente la necesidad?
- puede que sí, y que sea muy buena, pero que no sepas decirle a la gente que tienen esa necesidad, o no tengas medios para llegar a quién la tiene de verdad.
- ¿Quién será tu cliente ideal?
- Esta parte es de las más importantes, tener un producto genial, que no llega a su público objetivo. No venderías sandalias de 2€ en el barrio Salamanca de Madrid ¿verdad?
- ¿Cuál es el problema que vas a resolver?
- todos los artículos del mercado resuelven algo, incluso las ganas de poseer, es importante que conozcas muy bien tu producto, para defenderlo bien
- ¿Existe competencia? que hace actualmente ?
- En ocasiones creemos que somos super innovadores, y no siempre es así, quizá haya alguien, en algún sitio que haga “lo mismo” que tu, sin necesidad de ser plagio. Como Coca-Cola y Pepsi, ¿no? es lo mismo, pero no.
- ¿Por qué alguien debería elegirte a ti?
- Marcar la diferencia es super importante, el ejemplo de antes te lo dice, dame un motivo, una razón y luego, trabaja duro.
- Y la última pero no menos importante: ¿Es viable este proyecto?
- Creo que es fundamental hacer un estudio de viabilidad financiera en tu proyecto y si, esto también se hace en marketing, de hecho es más probable que lo haga un asesor de marketing que el de tu gestoría… ellos contabilizan, la estrategia es tuya.
Por eso antes de hablar de publicidad o de ventas, hay que hablar de estrategia.
Una buena idea no siempre es un buen negocio
He visto demasiados proyectos construidos únicamente sobre la fe y la esperanza. Personas convencidas de que la vida le recompensará automáticamente por el esfuerzo invertido.
Emprendedores que destinan gran parte de su presupuesto al local, gestoría, empleados y posponen la imagen, la web y el lanzamiento a una tarde con “el primo informático” que lo hace con “ChatGPT” en un momento. Y no, la inteligencia artificial no sustituye ese trabajo.
Puede ayudarte a crear un logotipo, redactar textos o generar ideas, pero no puede sustituir el criterio estratégico que nace del análisis, la experiencia y el conocimiento del mercado.
El papel de un profesional
No tengo por qué ser yo.
Ni siquiera tiene que ser un consultor de marketing.
Pero sí creo firmemente que todo emprendedor debería contar, antes de dar el primer paso, con alguien capaz de analizar su idea desde fuera.
Alguien que haga las preguntas incómodas.
Alguien que detecte incoherencias.
Alguien que sea capaz de decirte que una idea necesita cambiar antes de que inviertas meses de trabajo y miles de euros.
Porque eso es marketing. Y probablemente sea la parte más importante. Aún así, si quieres que
En definitiva…
Abrir una empresa no empieza cuando registras una marca, te das de alta como autónomo , alquilas un local o publicas tu primera campaña.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando decides continuar con tu idea, cuando quieres aprender a entender el mercado y a construir una estrategia que convierta una ilusión en un proyecto con posibilidades reales de éxito.
Porque, al final, el mayor error de un emprendedor ocurre antes incluso de abrir la empresa.