Con la caída de los influencers quizá el algoritmo nos está haciendo un favor
Si has entrado aquí buscando otro artículo sobre la caída de los influencers, siento decirte que no voy a hablar de quién ha perdido más seguidores, quién se ha ido de vacaciones a Bali o quién ha dicho la última barbaridad en TikTok. Bueno, quizá un poco. Porque sería absurdo negar que algo está pasando… pero en esta ocasión vamos a analizar como afecta esto a nivel marketing y no como usuario de redes. Te explico: durante las últimas semanas hemos visto crecer un hartazgo que, en realidad, probablemente llevaba mucho tiempo ahí. La ostentación constante, las campañas publicitarias una detrás de otra, los discursos de autoayuda, las opiniones sobre absolutamente todo —se tenga conocimiento o no—, las teorías conspiranoicas o esa necesidad de «desconectar» de personas cuyo trabajo consiste, precisamente, en enseñarnos cómo están desconectando.
Y la gente se ha cansado.
No creo que estemos asistiendo literalmente al fin de los influencers. Tampoco creo que mañana vayan a desaparecer las grandes campañas ni que las marcas dejen de invertir en ellos. Pero sí creo que estamos viendo caer una determinada forma de crear contenido. Y, desde un punto de vista de marketing, esto me parece muchísimo más interesante que contar cuántos seguidores ha perdido alguien esta semana.
El algoritmo no se ha vuelto más listo. Nosotros somos más exigentes
Hay algo que solemos olvidar cuando hablamos del famoso algoritmo: este aprende de nuestro comportamiento.
No sabe necesariamente si un contenido es bueno, si la información es cierta o si quien está hablando sabe realmente de lo que habla. Pero sí puede saber si pasamos de largo, si nos quedamos mirando, si terminamos un vídeo, si volvemos a verlo, si comentamos, si lo compartimos o si después entramos en ese perfil buscando más.
Y nuestro comportamiento está cambiando.
Después de años consumiendo vidas perfectas, promociones, bailes, polémicas y contenido fabricado para conseguir nuestra atención, parece que cada vez valoramos más algo tremendamente sencillo: que nos cuenten algo que nos interese.
Que aprendamos, descubrimos algo, después de treinta segundos sabemos algo que segundos antes no sabíamos.
Y eso puede estar cambiando mucho más las redes sociales de lo que parece.
344 seguidores también pueden competir
Tengo una cuenta pequeña en TikTok. Muy pequeña. En el momento en el que escribo esto tiene 344 seguidores, sin embargo, algunos de mis vídeos han superado las 11.000 reproducciones y otros han conseguido más de 2.000 «me gusta».
No soy influencer. Ni pretendo serlo. Es más, te muestro la captura para que puedas ver que tengo aproximadamente 49k de interacciones en solo 13 posts.

Simplemente encontré algo que me gusta muchísimo de lo que quise hablar. Me estoy iniciando en la IA generativa de contenidos multimedia, es algo que me atrae, y para eso necesito práctica. A través de imágenes reales del Archivo Histórico (que rescaté hace años para una campaña de imagen corporativa) estoy intentando mostrar cómo pudo verse Melilla durante los siglos XIX y XX. Selecciono las imágenes más representativas de la ciudad donde vivo, investigo sobre los lugares que aparecen, intento reconstruirlas y utilizo inteligencia artificial para devolverles el color y el movimiento.
Y quiero seguir haciéndolo porque me divierte hacerlo.
Esto último puede parecer poco importante, pero creo que es precisamente una de las claves de todo lo que está ocurriendo.
Cuando hablas de algo que realmente te interesa, quieres hacerlo mejor.
Investigas más. Buscas información. Te molesta equivocarte. Lees los comentarios. Alguien te aporta un dato que desconocías y vuelves a buscar. El siguiente contenido termina siendo mejor que el anterior porque tú también estás aprendiendo mientras lo haces. Y, casualmente, eso genera algo que las plataformas necesitan desesperadamente: retención.
Mis 344 seguidores no deberían ser suficientes para conseguir 11.000 visualizaciones. Al menos no bajo la antigua lógica de las redes sociales.
Pero si TikTok enseña uno de esos vídeos a alguien interesado en Melilla, en historia, en fotografía antigua o simplemente en descubrir cómo era una ciudad hace cien años y esa persona se queda mirándolo, ¿por qué debería dejar de mostrarlo? Aquí es donde creo que las cosas empiezan a ponerse interesantes.
El algoritmo no sabe si eres importante. Sabe si eres interesante.
El problema no era ganar dinero
También me resulta curioso lo rápido que hemos convertido «la caída de los influencers» en otro contenido para conseguir visualizaciones.
Vídeos hablando de la caída de los influencers. Publicaciones hablando de la caída de los influencers. Artículos —como este— hablando de la caída de los influencers.
Sí. Yo también he utilizado el término en este contenido,pero hay una diferencia importante entre aprovechar una conversación que existe y construir todo tu contenido alrededor de aquello que sabes que el algoritmo quiere escuchar hoy, porque mañana será otra cosa, y pasado, otra.
No creo que haya absolutamente nada malo en querer monetizar una comunidad. Crear contenido requiere tiempo, herramientas, conocimiento y trabajo. Si alguien consigue construir una audiencia interesada en lo que hace, me parece perfectamente lógico que pueda obtener un rendimiento económico de ello.
Lo que creo que hemos hecho mal durante mucho tiempo es empezar por el final.
Primero viene el contenido. Después el interés. Luego la comunidad, la confianza y, finalmente, la monetización.
Cuando invertimos ese orden y empezamos pensando cuánto queremos ganar, cuántos seguidores necesitamos y qué tenemos que publicar para conseguirlos, terminamos fabricando contenido. Y cuando el público percibe que prácticamente todo lo que ve existe para venderle algo, termina cansándose. Quizá eso sea parte de lo que estamos viendo ahora.
Y esto debería interesarle mucho a las pequeñas empresas
Porque durante años hemos convencido a los negocios de que para funcionar en redes sociales tenían que comportarse como creadores de contenido. Seguir tendencias. Hacer reels. Bailar. Utilizar el audio que toca esta semana. Publicar porque «hay que publicar» , y quizá estábamos mirando hacia el sitio equivocado.
Una asesoría sabe cosas que sus clientes desconocen. Una inmobiliaria también. Una academia, una clínica, un restaurante, una tienda especializada o una empresa que lleva veinte años trabajando en el mismo sector acumulan una cantidad enorme de conocimiento.
El problema no es que las pequeñas empresas no tengan contenido. Es que muchas todavía no se han dado cuenta de que lo tienen.
No necesitas convertirte en influencer, necesitas preguntarte qué sabes, qué puedes enseñar, qué puedes mostrar, qué problema puedes resolver o qué puedes contar para conseguir que alguien que no te conoce todavía decida regalarte treinta segundos de su tiempo.
Porque quizá una de las mejores cosas que nos está dejando toda esta famosa «caída de los influencers» sea precisamente esa.
Que después de años obsesionados con conseguir seguidores, estemos volviendo a valorar tener algo que merezca la pena seguir.
Si tienes curiosidad por mi canal de TikTok, aquí te dejo el enlace 😉 aquí